Margenes de la Memoria | Arte urbano con memoria
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Arte urbano con memoria

  • Mural Tabacalera Toño
  • Por Favor Vuelve el Gris
  • Ze Carrión Franco ha vuelto

10 Dic Arte urbano con memoria

Cada verdad desaparece con la aparición de cada versión oficial” Manuel Blanco Chivite en “Fuera del rebaño no hay salvación”. Garaje Ediciones, 2014.

El último libro de Manolo inaugura una nueva colección en Garaje Ediciones, y es mucho más que un libro de textos e imágenes. Es caminar por la calle con la mirada de Manolo, como leer la libreta que lleva siempre para anotar pensamientos, y donde esta vez nos advierte que fuera del rebaño no hay salvación.

Nos invitó a presentar el libro con él en la hermosa librería y galería de arte Swinton&Grant en Lavapiés, barrio con mucho protagonismo en el libro y en la vida de nosotros cuatro: Manolo, ALTO, Por Favor y yo.

Lavapies está siendo escenario de cambios políticos y sociales, y entre éstos, uno de los más importantes: el de la desobediencia. Nos gobiernan cometiendo ilegalidades constantemente y hacen legales actos totalmente injustos, ante eso nos queda la desobediencia, y en Madrid el listón es muy bajo: pintar con tiza en el suelo puede ser motivo para que te detengan, como le pasó al artista Puño hace dos semanas tras ir con sus alumnos a la Plaza de la Luna a pintar con tiza en el suelo, fue llevado a comisaría y todavía no sabe si le va a llegar la multa.

Y ahí estábamos reunidos 4 desobedientes muy insistentes que no necesitamos la salvación y que confluimos en la acción por recuperar el relato histórico, por reflejar y recuperar las verdades individuales y colectivas que la Verdad oficial no muestra, porque no nos sentimos representados ni en la Historia oficial ni en las paredes institucionales del Estado.

Entendemos que las paredes son sitios en los que se refleja y se registra la memoria de una sociedad. Para mostrar a otros nuestra lucha, nuestra acción, nuestras inquietudes, para darlas a conocer a otros.

Manolo recupera en este libro el estado de ánimo colectivo, si leemos las paredes, podemos llegar a algunas conclusiones que dan cuenta del contexto histórico en el que fueron escritas.

Me encantan las intervenciones feministas, ejemplo de aporte al conjunto de la sociedad de una mirada desde la que analizar y ver el mundo, porque cuestionan e interrogan a la sociedad y a ellas mismas sobre lo que son, lo que hacen, sobre la organización social y el mundo que les rodea. Realizan de este modo un proceso colectivo de reinterpretación de la realidad, de elaboración de nuevos códigos y significados para interpretarla.

En esa cualidad de reflejo que tiene el libro de Manolo, rescato el presente en cuanto a momento histórico en la búsqueda de justicia y recuperación de la memoria por los crímenes de la dictadura, que es en el ámbito en el que desarrollo mi trabajo y mi militancia.

El Estado no reconoce a las víctimas de la dictadura, se les niega el derecho a la justicia y se relega al ámbito de la memoria histórica, anulando intencionadamente que es una cuestión de Derechos Humanos.

El discurso oficial se ha apropiado de la historia, banalizando la dictadura, manipulando y silenciando cada verdad y lo refleja en sus paredes: las placas conmemorativas no hablan de los que resistieron, de las víctimas, los lugares de memoria oficiales son una placa a Carrero Blanco, un monolito a la División Azul…

Contra ese silencio las organizaciones y asociaciones de la memoria colocan placas que recuperan lugares de su memoria colectiva, como la que señala la Cárcel de Carabanchel o la placa a Julián Grimau detrás de la DGS, por ejemplo.

Pero el movimiento memorialista necesita una nueva estética, un nuevo lenguaje que llegue a la ciudadanía, a generaciones más jóvenes.

La conexión con la calle es un éxito a través de las intervenciones urbanas de artistas como Por Favor, ALTO o Ze Carrión con sus “vuelve el gris”, “ familia sin memoria sobre una fosa común”, “extradición torturadores” y Arias Navarro anunciando que “Franco ha vuelto”. Las 4 conectan el presente con el pasado más reciente, el más silenciado: represión policial, fosas comunes, proceso de justicia contra la dictadura y políticas públicas actuales que recuerdan a las franquistas.

Son lugares de memoria efimeros muchas veces y que quedan relegados a la nocturnidad y casi siempre a la ilegalidad. El mural de ALTO en Tabacalera, un mural que reivindica la lucha contra la impunidad de los crímenes franquistas, es una grieta en el marco oficial: pintado de día, con andamios, con inauguración de representantes del Ministerio de Cultura…

Las intervenciones pueden parecer manifestaciones efímeras, pero tienen la capacidad de perpetuarse a lo largo del tiempo, aunque no de una manera inviolable, y mucho menos, eterna; prueba de ello son las tachaduras, las contestaciones, las sobreescrituras que contienen en algunos casos. Por ejemplo, en el muro de ALTO a pesar de que pensábamos que iban a pisarlo enseguida, sólo han pintado una línea negra sobre la frase de abajo, casi tímida, que todavía permite la lectura.

Además, las intervenciones no son leídas de manera homogénea. Cada lectura resemantiza el mensaje. La transmisión implica una reelaboración a partir del artista en su intención de hacerlo accesible a los ciudadanos y una reelaboración por parte de éstos, a partir de sus propias historias y de sus intentos por apropiarse de ellos. Antes de que estuviera escrita la frase de abajo, la gente que pasaba (niños, mayores..) comentaban: “les ha comido la cabeza Rajoy”, “hemos perdido la cabeza todos”… las lecturas eran muy divertidas, nos hubiera encantado grabarlas.

Trazos cargados de memoria.

 

 

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